Cuando se acerca el fin del mundo y estás atrapado en el lado equivocado del país, cada segundo cuenta. Nadie lo sabe mejor que Edgar Hill. Su familia está a casi mil kilómetros y si quiere volver a verlos antes de que todo acabe, tendrá que esforzarse al máximo.
Tendrá que correr.
Tendrá que darlo todo.
Pero ¿y si no es suficiente?
Los que me conocéis ya sabéis que el thriller es uno de mis géneros favoritos, pero no las tenía todas conmigo cuando me animé a leer este libro. Habla del fin del mundo, ¿puede haber algo más agobiante que leer sobre ello? A mí, personalmente, me angustia mucho, aún así me lancé por salir un poco de lo que suelo leer siempre.
OPINIÓN:
Supongo que, para casi todos, pensar en el fin del mundo puede suponer un miedo y angustia atroz, sin embargo para Ed supuso un cierto alivio. Él es un hombre apático, hastiado de la vida que lleva, incluida su familia. Su monotonía diaria se acabó, en apenas diez minutos, cuando se enteró de que algo terrible iba a suceder en la tierra. Así que no dudó en actuar, recluir a sus dos hijos y a su mujer en el sótano, con algunas cosas básicas para su supervivencia, y esperar a que ocurriera. ¿El resultado? Un Edimburgo arrasado por una lluvia de asteroides.
Sobrevivirán, saldrán de su refugio y cuando parece que hay solución a todo lo que ha ocurrido, Ed acaba a ochocientos kilómetros alejado de los suyos. Una distancia que parece un mundo cuando no hay otra opción más que la de correr. Correr sin descanso para llegar a reunirse con una familia que no ha valorado hasta ese momento de separación. Una carrera contrarreloj que realizará junto a otros protagonistas, cuyas aventuras darán agilidad a la trama y serán fundamentales en la evolución de Ed.
Ed me ha parecido un protagonista atípico, porque lo esperable es que su autor trate de heroizarlo, pero no lo hace así. Él es algo odioso, desde un principio, por ese pasotismo con la vida. Y sí, avanza y evoluciona hacia algo mejor, pero sus conductas son coherentes con esa sensación de torpeza que nos transmite, lo que le hace mucho más real.
Es increible ver cómo una situación límite puede cambiarnos tanto, en este caso comenzamos con un Ed insulso, que teme no saber o no poder hacer las cosas...tornándose en un hombre que solo tiene un objetivo: reunirse con los suyos y demostrarles que puede ser un buen padre y marido. Y en ese camino hará lo que sea necesario para poder llegar hasta ellos, lucha a pesar del cansancio, de los dolores y de la distancia que les separan. Durante el viaje, Ed y su grupo, se encontrarán con otros personajes que nos pondrán los pelos de punta por lo siniestro de su situación, y por cómo el ser humano es capaz de romper sus propios límites morales ante una situación así, sacando lo peor de sí mismo. Poniendo al lector en una dicotomía sobre lo que estaríamos o no dispuestos a hacer para poder sobrevivir.
A través de un lenguaje descriptivo, vemos la desolación de un mundo aniquilado, donde las víctimas y el desastre son evidentes, pero también realistas. No tengáis miedo porque no hay fenómenos extraños que nos puedan chirriar, todo lo contrario...me parece una lectura muy fiel a lo que podría ocurrir en una situación así.
En cuanto a su ritmo yo diría que no sigue el de un thriller típico y vibrante, de hecho, a mí se me hizo algo lento al principio. Su desarrollo contrapone esas partes lentas con otras más aceleradas que nos mantienen expectantes a cómo terminará todo para Ed. Pero se trata de una lectura entretenida que nos permite reflexionar y que te motiva a correr, sí, a correr, a sentir la libertad y la fuerza que siente Ed cuando se mantiene constante por alcanzar su objetivo, su carrera hasta el fin del mundo.
"Corre hasta el fin del mundo" es un thriller que enfrenta las sensaciones que podríamos sentir ante la inminencia del "todo se acaba aquí", pero también lanza un mensaje positivo sobre la fuerza que nos puede dar nuestro instinto de supervivencia y las personas a las que queremos. Una buena opción si queréis salir del típico thriller.
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