En "Manual de pérdidas" se cuenta el último acto bibliófilo de un profesor de Historia jubilado consciente de que va a perder cuanto ha leído por culpa del alzhéimer: un itinerario de gratitud por diversos lugares con destino en todos aquellos que en eun momento de su vida le regalaron un libro. El propósito es devolver el objeto, lo que revierte su función primigenia: si con el regalo quien da logra que su recuerdo habite en quien lo recibe; con la devolución, el proceso se invierte ahora el dador pasa a ser quien fue receptor y el recuerdo sigue el mismo trayecto.
OPINIÓN:
Abdón emprenderá un viaje que será más personal y emocional que material. Necesita reencontrarse con esas personas para despedirse, y los libros serán un mero simbolismo de ese reencuentro. Cada libro y cada encuentro nos permitirán acercarnos al Abdón del pasado, al joven profesor, al amigo, al amante o al viudo; permitiéndonos crear un retrato de cómo era y comprender así su situación personal.
Su hija Virginia será quien le acompañe en este largo viaje que les llevará por diferentes ciudades españolas para terminar donde comenzó todo, en el pueblo donde Abdón nació y se crió. Un viaje donde tendrá más protagonismo el recuerdo de viejas anécdotas de amistades, amores o recelos, que las palabras que se puedan dirigir padre e hija. Aunque se evidencia su unión, sólo por el mero hecho de estar juntos, sin necesidad de palabras...sólo una sonrisa, una mirada llena de significado o una conducta tranquilizadora.
El viaje será reconfortante para ambos, pues él se acercará a un pasado que pronto olvidará y ella le dará a su padre la despedida que se merece. Una oportunidad para repasar todo lo que deja atrás.
A medida que conocemos la vida de Abdón nos damos cuenta de que la relación con sus hijos siempre ha sido fría y falta de cariño. Desde que eran pequeños siempre tuvo problemas para demostrarles su amor, a pesar de que sí podía hacerlo mientras dormían. Creía que mostrándose recto y serio les haría más fuertes, aunque en la actualidad esa carencia se hace evidente y a todos les pesa.
Quizás esa frialdad de nuestro protagonista fue una de las cosas que hizo que me faltara emoción, especialmente al principio, aunque hacia el final la lectura se vuelve más dura y emocionante. Sabemos hacia donde derivará la situación de Abdón, los que hemos vivido una situación así de cerca conocemos que no es fácil para ninguna de las partes implicadas. Aunque es muy conmovedor sentir la unión que se establece entre padre e hija en el desarrollo de la enfermedad, cómo los papeles se intercambian y ahora es ella quien cuida a su padre.
"Manual de pérdidas" es una lectura emocionante que nos acerca una enfermedad muy dura, tanto para la persona que lo sufre como para sus cuidadores. Evidencia la evolución y su triste final. Pero, a través del viaje de Abdón, también nos permite reflexionar sobre lo importante que es volver la mirada atrás y pensar si hemos hecho bien las cosas, si podemos cambiarlas y si hay una segunda oportunidad para reencontrarnos con nuestro pasado, o no, y por lo tanto debemos arrepentirnos.
Es un libro con una carga metaliteraria importante, pero más que centrarse en los libros y sus historias concretas, estos nos simbolizan una época, una parte de la vida de Abdón que pronto quedará en blanco.
Además me parece una historia que simboliza a la perfección el amor de un hijo, el apoyo incondicional que se da, la necesidad de dar un final digno y de luchar contra una enfermedad que está acabando con la vida de una persona a la que se quiere. Una forma de amor incluso cuando quedan cosas por decir, por reprochar y a las que exigir una explicación.
"Lo terrible no es olvidar el nombre de las personas. Lo terrible es olvidar su significado". p. 131
Gracias a su autor por el ejemplar.
Participo en:
Su hija Virginia será quien le acompañe en este largo viaje que les llevará por diferentes ciudades españolas para terminar donde comenzó todo, en el pueblo donde Abdón nació y se crió. Un viaje donde tendrá más protagonismo el recuerdo de viejas anécdotas de amistades, amores o recelos, que las palabras que se puedan dirigir padre e hija. Aunque se evidencia su unión, sólo por el mero hecho de estar juntos, sin necesidad de palabras...sólo una sonrisa, una mirada llena de significado o una conducta tranquilizadora.
El viaje será reconfortante para ambos, pues él se acercará a un pasado que pronto olvidará y ella le dará a su padre la despedida que se merece. Una oportunidad para repasar todo lo que deja atrás.
Quizás esa frialdad de nuestro protagonista fue una de las cosas que hizo que me faltara emoción, especialmente al principio, aunque hacia el final la lectura se vuelve más dura y emocionante. Sabemos hacia donde derivará la situación de Abdón, los que hemos vivido una situación así de cerca conocemos que no es fácil para ninguna de las partes implicadas. Aunque es muy conmovedor sentir la unión que se establece entre padre e hija en el desarrollo de la enfermedad, cómo los papeles se intercambian y ahora es ella quien cuida a su padre.
"Manual de pérdidas" es una lectura emocionante que nos acerca una enfermedad muy dura, tanto para la persona que lo sufre como para sus cuidadores. Evidencia la evolución y su triste final. Pero, a través del viaje de Abdón, también nos permite reflexionar sobre lo importante que es volver la mirada atrás y pensar si hemos hecho bien las cosas, si podemos cambiarlas y si hay una segunda oportunidad para reencontrarnos con nuestro pasado, o no, y por lo tanto debemos arrepentirnos.
Es un libro con una carga metaliteraria importante, pero más que centrarse en los libros y sus historias concretas, estos nos simbolizan una época, una parte de la vida de Abdón que pronto quedará en blanco.
Además me parece una historia que simboliza a la perfección el amor de un hijo, el apoyo incondicional que se da, la necesidad de dar un final digno y de luchar contra una enfermedad que está acabando con la vida de una persona a la que se quiere. Una forma de amor incluso cuando quedan cosas por decir, por reprochar y a las que exigir una explicación.
"Lo terrible no es olvidar el nombre de las personas. Lo terrible es olvidar su significado". p. 131
Gracias a su autor por el ejemplar.
Participo en:






